miércoles, 31 de diciembre de 2008

El último viaje del año



Es 31 de diciembre, mucha gente quiere llegar a casa. El ordinario va lleno, fue bueno tomarlo en la terminal para asegurar lugar. Saliendo de la ciudad, espero ver el bosque y sólo encuentro neblina... Avanzamos a la par, pero en sentido contrario de ella, por momentos se disipa dejando huecos.

En la niebla se pierden mis pensamientos, cambian como cambian de forma las nubes. Encuentro el refugio perfecto en este escenario tan lleno de gente, en este mundo de historias, en los sonidos impersonales, en la oscuridad. Es el lugar correcto para recordar el año que se queda atrás y ver que quiero para el que viene.

Pienso en todas las cosas que trajo este año, y realmente no me puedo quejar, hubo de todo, cosas nuevas, cosas buenas, y también otras en las que debo trabajar por cambiar, o por dejar atrás. Me quedo con días muy especiales, con nuevos amigos, con planes e ideas.

El camión avanza, recorre las curvas atravesando los cerros, el frío que se cuela por la ventana cala los huesos, y me abrazo en mi asiento. Cómo extraño en estos momentos algunos abrazos, pero bueno, hoy estoy yo. Volteo hacia afuera y me encuentro con un escenario mágico, la niebla hace un gran hueco y en el fondo se ve el Cofre de Perote, enmarcado en tonos rosa, y, más arriba, la Luna que apenas crece con Venus al lado. Y son sólo instantes, insuficientes para guardarlos en una cámara, pero perfectos para llevarlos en la memoria.



Me entretengo tratando de fotografiar algo interesante en la penumbra, hasta que me siento observada por los que están al lado. El muchacho de junto me hace plática, me pregunta que si soy Erika. Pues no, no soy. En estos tiempos uno duda antes de empezar conversaciones con desconocidos, aunque en estos camiones siempre me han contado historias interesantes. Y sigo con mis fotografías. El camión hace su primera parada larga en las Vigas. El vecino de asiento entabla plática otra vez, me pregunta si voy a ver a mi familia. Él me platica que es boxeador, y que tendrá una pelea al día siguiente en Puebla. Su familia está en el puerto, y tiene dos hermanos, son trillizos, pero no los ve con frecuencia, y ésta noche deberá esperar a que su entrenador se duerma para poder celebrar el año nuevo.

Tras la plática, llegamos a Perote, en donde mi acompañante transborda. Se despide y le deseo un feliz año, y suerte en su pelea. Pienso en cómo será pasar un año nuevo sin la familia. Hasta ahora siempre he estado con ellos, aunque tenga que ser con la mitad, sigue siendo la compañía de gente querida. Salimos del pueblo, y me encuentro avanzando sobre un llano despejado, donde la Luna y Venus siguen recorriendo el cielo, y ahora, cruzando la vía del tren, aparecen garzas volando y haciendo figuras, reflejando la poca luz de los postes en sus alas blancas. Y poco más adelante se ve venir la gran nube gris, entre los árboles sin hojas, que reflejan el invierno en mi tierra. Y así sigue el camino, nos volvemos a enterrar en la neblina, y en las curvas, hacia el pueblo de donde oficialmente soy (no realmente). Y aprovecho el silencio, ahora que el camión va casi vacío, para felicitar a algunas personas que me faltaron. Y el teléfono no tiene señal, quizá lleguen mis mensajes, quizá no. Pero bueno, de corazón están enviados.

Ahora sí, llegué al pueblo altotonguense, a ver los viejos sentados en las puertas de las casas, listos para quemarse. Se quema un año más, a cada segundo que pasa, y no sé qué traerá el que sigue, pero me siento con ganas de encontrarlo.


Feliz 2009.

AZ


Well, I'd never want to see you unhappy
I thought you'd want the same for me...

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