Ése día vi pasar los girasoles cual campo de Van Gogh.
Entre la velocidad del tren y las lágrimas, sólo quería irme.
Tu lógica y mis emociones definitivamente no encajaban.
Nuestros barcos efectivamente navegaban por mares distintos,
por caminos lejanos, como bien me lo escribiste un día.
Y la vida es rara, y da vueltas, y te trajo de vuelta, justo hoy.
Llegaste en una de esas semanas donde no creo en nada,
en donde al final de un largo día, la realidad cansa y da hambre.
Y nos sentamos a cenar a la mesa. Y platicamos, como hace mucho no.
Como aquellos días en que comíamos helado, de este o el otro lado del mundo.
Entendí que aquella semana simplemente vimos la vida desde marcos de referencia distintos.
Y, qué locura, ¿cómo puede uno haber llorado lo mismo que hoy aprecia?
Hoy me hiciste una pregunta, que revolucionó mi conciencia.
Y nos dimos un abrazo, que devolvió paz a mi corazón.
Extrañaba compartir ideas contigo, te extrañaba.



