
Hoy volví a jugar a los piratas. Me puse mi sombrero y empecé a navegar con la salida de las primeras estrellas. Avancé durante toda la noche flotando en el sonido de la espuma, siguiendo el mapa de la cueva del tesoro. Pasada la noche me quedé en cubierta, observando al planeta que anuncia el amanecer. Poco a poco los primeros rayos de sol delinearon la silueta de tierra firme al final de un hermoso mar de luz purpúrea. El cansancio de un largo viaje me fue venciendo poco a poco y finalmente hice parada, bajé del navío, me recosté en la arena y cerré mis ojos.
Al despertar me encontré con un cofre. El tesoro. Para mi sorpresa, al abrirlo no encontré monedas de oro, solo un ave, serena, de hermoso plumaje y mirada tranquila. El tesoro estaba ahí, podía tomarlo y llevarlo conmigo, como lo haría un pirata de verdad. Pero esto sólo es un juego, mi juego, y a pesar de la hermosura del ave, lo que deseé en ese momento fue verla en libertad. Abrí la rejilla y el ave voló, se posó en un tronco cercano y me miró. Luego emprendió de nuevo el vuelo y se perdió entre la vegetación. Subí a mi barco y me interné de nuevo en las aguas del mar.
AZ
Agua de mar
Por mas que exista no he de tomar
De que me sirve ser argumento
Si en la distancia no te he de amar
Agua de mar
Hay tanto riesgo de naufragar
Con tanta nube que hay de por medio
Por esta historia no hay que apostar
Agua de mar
Si no me puedes la sed quitar
Procuraré un poco de aire fresco
No me hagas preso en tu libertad,
En tu inmensidad
En tu inmensidad




