sábado, 28 de febrero de 2009

Silencio


Silencio. Sólo silencio.
Mi cuerpo perdido en el cansancio de la semana.
Mi alma en un hueco en donde encuentra nada.
Miro a la ventana que da a la ciudad,
Veo la luna y las estrellas
Que se derriten en la bóveda celeste,
Con el agua que corre de los ojos.
La vida ocupada en el trabajo,
en las mil cosas por hacer.
El corazón, solitario y triste.
Nostálgico y melancólico.
Hasta dónde es capaz un beso corto
de llevarnos a la realidad...

Buen viaje mi niño.

AZ

sábado, 21 de febrero de 2009

¿Qué Sueño?


Y el reloj se detuvo a las 11:02. Y llegamos a la última página. El resto del mundo se movió indiferentemente. El final de la pila fue distinto al final del libro. Las manecillas dejaron de girar, pero las ideas que dejaron las palabras siguieron fluyendo, y llevaron a la comprensión de eventos pasados, ahora añorados, a la relación de personajes con los que en algún momento compartimos el papel en la vida real.
La vida real... Hoy, ahora, aquí, ¿es eso la realidad?
¿Y qué si esta historia se convierte en palabras a pesar de haber ocurrido?
¿Y qué si alguien cree que esas palabras son sólo parte de la imaginación?
¿Y qué si hoy aquello que un día fue, ya no lo es más?
¿Y qué si sólo un sueño deja el mismo recuerdo que la realidad?

Hoy podemos jugar a creer, y decir que aquello que hasta hoy ha sido considerado sueño, sea de ahora en adelante la realidad, y que he soñado con que el reloj se detuvo a las 11:02, y que llegué a la última página del libro, me peracté de ello y luego escribí. Bienvenido querido lector, ahora usted es parte del mundo onírico. A pesar de que usted es parte de mi irrealidad, puedo contarle de lo que en realidad ha ocurrido.

Resulta que he andado en un lugar del cual no sé su nombre, sólo sé que es un país diferente de donde suelo habitar en mis sueños, porque en este lugar las constelaciones que veo son distintas. He viajado varias veces en un camión, del que bajo después de pasar un bosque y rodear un lago, y llego a un restaurante largo, de tejas rojas, paredes claras, grandes ventanas y mucha luz. Alguna vez entré, sin embargo, recuerdo haber estado afuera tirada en la hierba viendo el cielo, y haber comentado que las constelaciones eran distintas a las que veía siempre. También he ido al atardecer a ese lugar. Es muy bonito.

Hace unos meses encontré a alguien muy querido desvanecido en el baño de una casa. Recuerdo haber sentido miedo, vacío, tristeza. Fui ayudada por otro amigo a sacarlo de ahí, mientras me decía que había muerto. No olvido el pasillo que daba al baño y la escalera forrada de madera frente a la puerta de entrada en donde me sentí desolada y sin saber qué hacer. Después, salí a un lugar en donde había mucha gente haciendo día de campo, era un gran llano, con pasto recortado y verde. El sol se estaba poniendo, el cielo tomó un color entre amarillo y naranja, y me senté sobre un montecito a ver el atardecer, mientras sentía un vacío enorme pensando en que no volvería a ver a esa persona, en que, aunque quisiera verlo al día siguiente, él ya no estaría más. Al día siguiente soñé con él, soñé que lo abrazaba y le decía que lo quería. Pero lo cierto y lo soñado es que ahora ya no está, el vacío es real, él ya no volvió.

No olvido el día en que fui al club donde tomaba clases de natación, y mientras platicaba con mis amigos noté que alguien me observaba. Sabía que algo malo me quería hacer, y empecé a caminar muy rápido, tratando de perderlo de vista, caminé entre los toboganes amarillos y azules, pero él me seguía. Subí la escalera, llegué a los baños, entré en uno, cerré la puerta, y atravesé a gatas por debajo de las láminas que separaban los baños contiguos, salí por otro lado, y sin embargo seguía ahí. Conforme avanzaba la angustia aumentaba, y no sabía por donde seguir. A pesar de haber mucha gente, no me perdía de vista. Caminé por todo el edifcio, hasta salir a una calle en donde estaba un mercado ambulante, con puestos de techo rosa, y caminé a lo largo de él. Al llegar al final del pasillo de puestos, serpenteando entre la gente, llegué a la calle vacía, flanqueada por una arboleda y una cerca de madera, y supe que lo había perdido.


Y el día que más recuerdo, fue aquel en que caminando por la calle me encontré con una niña uno o dos años más chica que yo, muy parecida a mí, que me pedía que la acompañara, que no me iba a arrepentir. Me tomó de la mano, me hizo entrar a una casa, de apariencia rústica, puerta de madera, enmarcada por una enredadera, piso rojo y paredes blancas. El interior de la casa era un tanto oscuro, pero entraba luz por una ventana con un marco que la dividía en cuatro. Frente a la ventana estaba un señor (que yo identifiqué como mi padre) y estaba al lado de una mujer, sentada con una bebé en brazos que no reconocí. La niña que me había llevado me señalaba un vaso que estaba en el marco de la ventana, en el cual había una rosa roja no muy abierta. La rosa era muy bonita, y colgaba hacia el lado izquierdo. La niña me decía "muévela para el otro lado y ve qué pasa". Yo veía absurda la indicación, pero lo hacía. En ese momento la bebé en brazos de la mujer moría. Me quedaba inmóvil y desconcertada, volteaba a ver a la niña, que me mostraba la flor de un capote que yacía ladeada en otro vaso, y me decía "ahora mueve esa y ve qué pasa". En ese momento yo la tomaba de la mano y salía corriendo con ella por toda la calle, sin entender lo que había ocurrido. Y corría, y corría, como si con ello lo ocurrido se quedara atrás, hasta que llegaba a una casa blanca, del lado izquierdo, con una cortina de tela en lugar de puerta, y entrábamos las dos exhaustas y nos sentábamos en unos escalones que bajaban a la sala. Y entonces salían mis abuelos y nos decían "qué bueno que llegaron".


Y así ha sido mi vida real, llena de lugares nuevos, subidas y bajadas, rutas, fuentes, rejas, gente conocida y desconocida, algunos accidentes, mercados, ferias, parques de diversiones, calles empedradas, gatos, gente disfrazada de cactus que si tocas 3 veces te convierte en lo mismo... Es algo ajetreado todo, pero después de eso, siempre vienen sueños un tanto más tranquilos.

Es la 1:04. He soñado suficiente por hoy. Hora de ver qué nos depara este día.

AZ