Polvo de estrellas, luces y movimiento.
No he de ser nada, ni quietud.
Cada mañana escucho el silencio,
y no hay nada.
Porque el vacío está lleno.
De cantos de aves,
un aire que sopla y de rojos rayos que abrazan.
De suelos con una quietud llena de movimiento.
Nostalgia viajera.
La de mis átomos que han ido vagando,
armando y desarmando,
rompiendo y construyendo,
desmoronándose y volviendo a empezar.
Hace falta una mañana fría y seca,
para abrir a borbotones y reflejar el azul de la luz.
Para tener blancas nevadas colgando de las ramas.
Y al anochecer cerrar para siempre en el silencio.
Nada, no he de ser nada, ni quietud.
AZ



