Vengo a la sierra a perderme entre el bosque y la neblina. Recorro el pueblo comiendo helado y buscando esas peras que tanto me gustan. Todo está lleno de colores en papel, de flores rojas y amarillas, de aroma a pan y copal.
Subo por la escalinata. Desde lo alto se puede ver todo el lugar iluminado por los últimos rayos de sol. Vengo a visitar a la niña de la voz de mi conciencia. Sobra polvo y faltan flores en su lugar. Se acercan unos niños y me ayudan a encontrar el blanco de su tumba. Y ahí está.
El atardecer ante mis ojos no se puede meter en una foto. Los colores de las tumbas decoradas, en el fondo el campo con las pacas apiladas y la luz del sol delineando las nubes con tonos amarillo y rosa pastel. Las garzas se van del árbol. En mi mente se repite una voz con los versos de una sola canción...
Me falta el café con pan.
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